La consigna era pasar un día entero —hasta 24 horas— en un lugar de nuestra elección, cámara en mano, fotografiando todo lo que sucediera.
Yo elegí una maravillosa librería de Buenos Aires, el Grand Splendid Ateneo. Allí descubrí que una gran fotografía no consiste en disparar la cámara sin parar, sino en saber esperar el momento preciso, permitir que las personas actúen con naturalidad y dejar que lo inesperado suceda.
Estas son algunas de mis fotografías favoritas de ese día, cada una acompañada por una breve descripción.